Cortometraje
A.Casas, C.Jimenez, N.Gala
2005 / 18’
" Atxim "
Sinopsis
Género: animación en plastilina. Versión original catalana. En el día de su boda, un microbio es absorbido por la respiración de un humano y va a parar a un pulmón, donde encuentra toda una comunidad bien organizada de microbios, que viven bajo la férrea disciplina de su Gobernador. Sabiendo que se va a organizar una ceremonia de catapultamiento hacia el exterior, hará lo imposible por salir de allí y llegar a tiempo a su casamiento. Pero no le será nada fácil.
Comentarios del compositor
Atxim! ha sido, hasta la fecha, la película de la que más satisfecho estoy. Es un cortometraje muy bello, muy bien hecho, y de alta calidad técnica y estética. Sus autores le dedicaron más de un año de trabajo y de esfuerzo. Por eso, yo me impliqué con mayor entusiasmo.
Estuve en el proyecto casi desde sus inicios, desde que los realizadores me enseñaron esbozos y algunas escenas ya completadas, así que básicamente las ideas musicales surgieron más del guión que no de las imágenes. Teníamos claro que, dado que se trataba de una película dirigida al público infantil, había que facilitar mucho las cosas a través de la música, por lo que las ideas melódicas tenían que ser sencillas, pero no por ello poco simples. Así, una de las primeras decisiones fue la de elegir cuáles de los múltiples personajes iban a tener música y cuáles no. Tomada la decisión, se debía determinar cuál de los temas debía ser el principal y cuáles secundarios.
Obviamente, el protagonista –llamado Obi- era quien aportaría la parte más sustancial de la música: él era el conductor de la historia y, naturalmente, su música debería guiar a su vez el desarrollo melódico. Como contrapunto, el personaje del Gobernador llevaría un tipo de música opuesta: frente a la ligereza y frescura de uno, la solemnidad y gravedad del otro. Junto a ambos, cohabitarían otros temas secundarios.
El tema de Obi –el principal- es un tema alegre, festivo, dinámico y muy maleable. Me importó mucho, además, que fuera muy retentivo, que quedase grabado en la memoria ya en los títulos de crédito iniciales, porque de este modo podría efectuar diversas variaciones y repercusiones hasta llegar al final, dando al conjunto de la película un cariz muy sólido, muy coherente. Lo ejecuté, pues de diversas maneras: en forma de música romántica –en la secuencia inmediatamente previa a los créditos-, en forma jocosa –ska- y también de modo dinámico y aventurero, como fanfarria. En la primera escena lo presenté con flauta travesera, silbido, guitarra y piano; en los créditos, tomé la decisión de infantilizar las voces que tarareaban la melodía para dar un aire divertido y desenfadado, añadiendo un saxo. En la escena del catapultamiento opté por una instrumentación que evocara al clásico superhéroe, y en los créditos finales suena una versión más extendida con respecto a los iniciales, y con mayor presencia del saxo y la trompeta.
El tema de Ocus, el Gobernador, es muy sincopado. Utilicé percusiones y trombones para lograr un tono grave, solemne, y muy serio. Con este contraste no solo definía el carácter poco simpático del personaje sino también dejaba a Obi un tanto indefenso en presencia del Gobernador.
Una escena que planteó problemas de buen comienzo fue, precisamente, la más decisiva argumentalmente: cuando Obi llega a la fiesta de catapultamiento y pretende sustituir al afortunado que va a salir al exterior. En el guión original, no había margen a acontecimientos secundarios, sino que se narraba todo de una manera muy directa. Eso comportaba un inconveniente: se hacía difícil poder explicar que se trataba de una fiesta que duraba horas y que por el cansancio los asistentes se relajaban, lo que era aprovechado por Obi. Propuse alargar la escena mediante un encadenado elíptico estructurado en tres distintos momentos de la fiesta, de tal manera que se evidenciara el paso natural del tiempo. Musicalmente, era muy fácil: bastaba con poner tres músicas distintas. Pero para los directores, este alargamiento supuso más de un mes de trabajo con el que, en principio, no contaban: había que incorporar, además, nuevos personajes y situaciones (el borrachín típico de las fiestas, los ligones, las mujeres provocadoras, los que bailan...). El que entendieran las razones y accedieran demuestra su gran categoría profesional.
Tres fueron, pues, las músicas que escribí para la fiesta,
con el orden animada/relajada/animada, todas interpretadas por un grupo
de microbios. La primera era música latina, con trompeta solista
acompañada de piano; la segunda un tema lounge, con vibráfono,
guitarra, bajo y saxo, entre otros instrumentos; finalmente, la tercera
era una canción rock interpretada por mí mismo, cuya letra
hacía referencia a lo que iba a acontecer y que daba los últimos
momentos de animación inmediatamente previos a ese momento del
catapultamiento.